22 ene. 2013

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Carmen Muro
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Arturo Ramírez
Fernando Gómez de la Cuesta
Fernando Francés
Juan Pablo Yusto y Graciela Giner

Cartel de Feria de Córdoba 2012



El Mundo edición Andalucía, Toñi Caravaca
ABC Edición Córdoba, Rafael Aguilar
Portada ABC, 21 abril 2012
Portada El Día de Córdoba, 21 abril 2012
El Día de Córdoba, Gema N. Jiménez
Diario Córdoba, Rafael Valenzuela

Cartel oficial de Fiestas y Feria de Nuestra Señora de la Salud, Mayo Córdoba 2012. Autor: Miguel Gómez Losada.
Agradecimientos: Manolo Garcés Blancart [Fotografía de la pintura]; Zum Creativos [Gráfica]; Rafa Ruíz [y su galgo]; mi familia y mi gente. 

 




 





3 may. 2012

Cartel de Feria de Córdoba 2012, Diario Córdoba

Cartel de Feria de Córdoba, Miguel Gómez Losada, Diario Córdoba

Cartel de Feria 2012, Portada ABC

Cartel de Feria 2012, Miguel Gómez losada. Portada ABC

Cartel de Feria, El Día de Córdoba pag10y11

Cartel de Feria de Córdoba 2012, Miguel Gómez Losada, El Día de Córdoba



Cartel de Feria, Portada El Día

Cartel de Feria de Córdoba 2012, Portada El Día de Córdoba 21 4 2012

Ensamble, El País Andalucía

Ensamble, Juan Serrano y Miguel Gómez Losada. NOTICIA EN LA EDICIÓN DIGITAL

Cartel de Feria ABC


31 may. 2010

El modo de trabajo de El jardín de la inocencia (intervención pictórica en el Palacio de Orive) está tomado de las jam session del Jazz: *CUATRO* solistas diferentes en *UNA* sola actuación.

4 may. 2010



Sobre El jardín de la inocencia. Doble página de Pablo Rabasco, con fotografías de Francisco González. Diario Córdoba, Domingo 2 de mayo 2010


EL JARDÍN DE LA INOCENCIA
PALACIO DE ORIVE (PLAZA DE ORIVE, 2)
16 DE ABRIL AL 15 DE SEPTIEMBRE
LUNES A DOMINGOS DE 8 A 24 H

TREPANDO LAS PAREDES
PABLO RABASCO

Los proyectos de espacio público y arte tradicionalmente han existido desde la necesidad de trasladar a la cotidianidad de la ciudad los símbolos del poder. Desde la antigüedad clásica, las estatuas salían a la calle recordándonos el poder de los emperadores o la gloria de los dioses. Así, la iglesia católica salió igualmente de los templos para coexistir en el entramado urbano, especialmente desde el siglo XVII, cuando la exaltación de santos y vírgenes salió de los templos y llenó los rincones de nuestras calles mediante altares, vía crucis, capillas abiertas o procesiones. Así, con la llegada de la ilustración, serán la clase política, científica y artística la que en altas peanas se situaría en los centros de nuestras plazas. El poder, siempre el poder relacionado con el arte público. Pero claro, acometer un proyecto de arte público, en la calle y para la gente, conlleva un grado de humildad por parte del artista que comienza por vaciar el espacio de poder, de otorgar un hueco para respirar la ciudad, sin estridencias, sin altares.


Por eso, cada tarde, cuando llevaba a mi hijo Marcos al parque de Orive, ese rincón mágico, vacío de ciudad, enclavado en el corazón de calles sobre calles, de culturas sobrepuestas, me gustaba encontrarme con Miguel Gómez Losada, azotado por el viento, la lluvia y el sol, por las sensaciones que día tras día nos cubren. Miguel se dejaba llevar por extrañas flores rojas, por juncos alocados y por árboles que, nacidos ayer, se convertían en ancestrales al caer el día. Las ramas subiendo al cielo, la hierva húmeda a cada momento y una serpiente antigua trepando al cielo, como trepa Marcos cada día en el parque, siempre como la primera vez. Las paredes negras brillan estos días con el proyecto en el que han participado no sólo Gómez Losada, sino también Patricio Cabrera, Felipe Ortega-Regalado y Maria José Gallardo. Acotando ventanas y rompiendo el muro se atreven con nuevos emblemas, con puntos de fuga que tras de una fuente se pierden. Los versos, de Chivite, Azaustre, Alejandra Vanessa, Bernier o Elena Medel, se enredan con la pared, con la tarde y con los juegos.

25 mar. 2010



Visiones de un nuevo mundo/ primeras flores y otras hierbas / el frío, las estrellas - Exposición individual de Miguel Gómez Losada en Aba Art, por Georgina Sas para el Diario de Mallorca 22.3.2010

15 mar. 2010



Noticias del buen salvaje, por Carlos Jover, para El Mundo -edición balear- Lunes 15 de marzo 2010

Sobre Visiones de un nuevo mundo / primeras flores y otras hierbas / el frío, las estrellas
Exposición de Miguel Gómez Losada en Aba Art, Palma de Mallorca

31 ene. 2010





En el estudio de Sevilla. Foto: Minerva Parra Peralbo

Reseña en la revista D-PALMA


¿Paraíso perdido?

Gómezdelacuesta.

Mientras Miguel Gómez Losada intentaba con poca maña, para que engañarnos, hacer café con una cafetera que parecía no usar nunca, la artista Verónica Ruth Frías y yo esperábamos en la sala que le servía de estudio en un piso de Ciudad Jardín, en Córdoba. Recuerdo que pensé que no había mucha luz, el día tampoco acompañaba. Preparábamos entonces la colectiva Arte Jondo para ABA Art Contemporani y de eso hace ya –como pasa el tiempo- cinco años. Allí nos enseñó las piezas que terminarían formando parte de la citada exposición y, entre otras maravillas, una serie de fotos íntimas, reposadas, de paisajes invernales recreados –sin parecerlo- con poliexpán. En ellos, Miguel, aprovechaba un haz de luz puntual que se colaba por la ventana del que entonces era su taller, la que daba al patio de vecinos, para obtener un conseguido efecto crepuscular. En algunas de aquellas instantáneas un toro cansado emprendía su huida, un camino que hizo parada y fonda en la palmesana Fàbrica de Licors con una individual de fotografía, video e instalación que se tituló Geografía Reservada.

Con los Arte Jondo –en uno de esos septiembres rumbosos de Nit de l’Art- hubo risas, juerga y algún ibuprofeno, baños marinos de tipos poco acuáticos, paseos por Es Trenc con recuerdo vegetal y arroces negros, barbacoas en áticos de galeristas simpáticas y un rayo de luz mañanero, reincidente y aplaudido, que se clavaba en los cerebros de quienes quería despertar. Conversaciones borrachas con taxistas rubias, auténtica mala follá granaina –aquí quiero veros señores traductores del DP al alemán- diseñadoras enamoradizas y terrazas en pueblos perdidos desde donde otear los confines del mundo. ¿La exposición? Muy bien, gracias. Las cervezas del Flexas –un saludo por si me estáis leyendo- se alternaron con el salmorejo de Pepe de la Judería, las manitas de El Pisto y los finos de la Taberna Salinas, los gintonics, por supuesto, en el Soul, el Amapola y el Automático –más saludos para todos-. Y de allí al Colegio de Arquitectos cordobés, a dar una conferencia sobre algunas versiones y muchas perversiones, y a hermanarnos como comisarios en una intervención artística que, quizá, pudo ser más.

Y ahora sus pinturas –Miguel siempre es pintor- de nuevo en ABA Art y a partir del 12 de febrero. Visiones de un nuevo mundo, primeras flores y otras hierbas, el frío, las estrellas… La mirada de un visionario que gusta de lo vegetal, de lo natural y de lo septentrional, que se fascina con el detalle y que trasciende lo general, que busca y nos encuentra. Una cosmología particular y común que nos hace retornar a lo esencial, a ese paraíso que perdimos –sin que la pérdida mereciera la pena- y por el que él se esfuerza, a cada instante, con cada pincelada, con la clara intención de que en nuestra frenética alienación, despersonalizadora y contemporánea, nos salvemos de esta abrupta desnaturalización que tanto estamos padeciendo y podamos recuperar aquel edén que, a día de hoy, parece definitivamente perdido.



Miguel Gómez Losada. Foto: José Antonio Modelo Villatoro

26 ene. 2010






Visiones de un nuevo mundo.
-diario de viaje-

Gómezdelacuesta.

Día 2: retorno a utopía.

La utopía, entonces, no se dirige a la realidad pervertida para tratar de cambiarla, si no a los hombres pervertidos que no quieren o no pueden cambiar, y que por ello mismo se hacen responsables de una realidad cuya perversión ni siquiera intentan mejorar.
[1]

En unos tiempos y en unos lugares, seguro abruptos y muchas veces corruptos, somos nosotros los únicos que podemos activar el cambio hacia otras realidades más felices tomando un camino que, sencillamente, puede ser el retorno a lo primigenio, a aquella verdad inicial exenta de todas las deformaciones que la complejidad de nuestra propia evolución ha ido declinando. Y es que a medida que la técnica aumenta el alcance y las posibilidades de los modernos telescopios, vamos perdiendo de vista lo cercano, lo simple, lo natural, lo que nos rodea, mientras nuestro ojo y nuestra razón se van atontando gracias a la extenuante oferta, casi siempre sin dirección ni contenido, que todos estamos padeciendo. Lo que está aquí al lado puede albergar la belleza más sublime, lo sencillo siempre es maravilloso y, en uno de esos extraños contrasentidos en los que nuestra contemporaneidad nos va enredando, la nueva utopía no es un lugar que quizá no existe y hacia el que deberíamos discurrir, sino un sitio donde estuvimos y que muchos de nosotros no supimos disfrutar. Dicen que los caminos de retorno suelen parecer más cortos y de eso queremos dar fe los que emprendemos este viaje a utopía, un lugar real, natural y esencial, al que siempre deberíamos volver.

Día 8: el buen salvaje.

Robinson Crusoe, el extraordinario náufrago, es en realidad una transfiguración moderna del hombre salvaje. Es llevado a una existencia salvaje melancólica porque debe demostrar, en el interior mismo del malestar que quiere combatir, que es posible convertir la necesidad en virtud.
[2]

Sin embargo el robinsón contemporáneo sufre de una existencia urbana melancólica en la que padece de ciudad, con todas sus extensas posibilidades, y añora, necesita, a veces sin ser del todo consciente, las virtudes de ese estado salvaje, de lo puro, de lo elemental, del contacto con la –con su- propia naturaleza. El moderno buen salvaje es el viajero ideal, aquél que no cree haber visto, oído, hecho o sabido todo; el que busca nuevos paisajes, el que mantiene intacta su capacidad de fascinarse, de maravillarse, el que no se cree omnipotente, el que posee la suficiente candidez para asombrarse y el que no conoce los pudores, los tabúes, que impiden demostrar su asombro. Algunos niños, cada vez menos, y pocos adultos, conservan esa cualidad tan singular, ese ánimo de buscar sin apenas prejuicios y de vivir lo que se ha hallado sin las contaminaciones que impone aquella pseudocultura envilecedora que limita más que ayuda, mientras van manteniendo, estos privilegiados, la intuición suficiente como para percibir que en lo básico, en lo natural, en lo primero, es donde nuestra verdadera esencia se desarrolla mejor.

Día 11: el árbol en el bosque de la isla.

¡Señor, si no veis más que vida en torno! Donde fijáis vuestra mirada divisáis ramas estremecidas, troncos recios, verdor; donde fijáis vuestro pie dobláis hierbas que después procuran reincorporarse con el apocado esfuerzo doloroso de hombrecillos desriñonados; donde llevéis vuestra presencia habrá un sobresalto más o menos perceptible de seres que huyen entre el follaje, de alimañas que se refugian en el tojal, de insectos que se deslizan entre vuestros zapatos (…) El corazón de la tierra siente sobre sí este hervor y este abrigo, y se regocija.
[3]

Y allí donde llegamos había multitud de árboles, árboles que cobijan, esconden, unen y separan; y perdidos de todos y hallados de nosotros mismos, empezamos a buscar un edén tan sencillo que, al principio, nos costó darnos cuenta que ya estábamos en él. El árbol en el bosque y el bosque en una isla, isla con istmos que la convierten en singular península. Las raíces, a veces bien agarradas, y ramas hacia todas direcciones; de las tierras brotan hierbas y las primeras flores, aquellas que, entre pocas luces y alguna penumbra, surgen tras los fríos formando pequeñas constelaciones iluminadas por una luz crepuscular, puntual, que las hace seguro atractivas y algo inquietantes. Las plantas suelen crecer hacia el cielo, pero nunca son completamente iguales. El ingenuo dispuesto a fascinarse tiene todo el bosque por delante, cada brizna de hierba, pétalo curvo o rama retorcida a su manera, se convierten en parte de la maravilla.

Día 17: el ansiado rayo verde.

Aquel cuadro levantó una ola de admiración y de discusiones, ya que mientras unos pretendían que era un efecto natural reproducido maravillosamente, otros sostenían que era puramente fantástico, y que la naturaleza no producía nunca efectos semejantes.
[4]

El rayo verde, aquel último haz de luz solar justo antes del ocaso, otorgaba la felicidad a quien tenía la suerte de contemplarlo, ese rayo verde es una ingenua maravilla de la naturaleza que conmueve a los genuinos ingenuos que lo ven, que lo ven por que lo buscan, que lo ven por que confían y que obtienen su felicidad por que creen en ella. Una maravilla que nos devuelve a lo esencial, a la inocencia de lo elemental pero indispensable. Para los que no lo han visto, Miguel Gómez Losada, el pintor visionario –porque él si que ha visto- trata de mostrárnoslo, de darnos la llave, de iluminarnos para abrirnos el camino hacia sus visiones de un nuevo mundo, primeras flores y otras hierbas, el frío, las estrellas, y que todos terminemos, de una forma u otra, real o imaginada, encontrando nuestro paraíso, nuestros propios rayos verdes, aquellos que sin duda han de colmarnos de felicidad.

[1] Arnhem Neusüss, Utopía, Barral Editores, Barcelona, 1971, p. 34.
[2] Roger Bartra y Pilar Pedraza, El salvatge europeo, CCCB, Barcelona, 2004, p. 116.
[3] Wenceslao Fernández Flórez, El bosque animado, Anaya, Madrid, 1986, p. 7.
[4]
Julio Verne, El rayo verde, Ediciones Orbis, Barcelona, 1986, p. 188.

25 ene. 2010

EL VIGOR Y EL ASOMBRO DE LA CREACIÓN

Cómo referirnos a la creación, a lo inexplicable, y lo que es más difícil aún, plasmarlo en el arte, en la poesía, en la pintura. Sin embargo sólo el arte es capaz de llegar a la expresión de lo inefable, del instante fugaz en que a veces capturamos inexplicablemente lo eterno, a causa tal vez de que la eternidad, la permanencia, vive en el espíritu de cada hombre, de la misma manera que lo hace en todo ser viviente, animal o planta.

Además siempre se corre el riesgo de quedar en lo meramente pretencioso, en querer abarcar aquello que por su naturaleza debiera escapársenos de nuestros brazos, como un viento con voluntad propia, que no quiesiera ser atrapado. En todo caso, la única vía es la del corazón, la de la emoción elevada que intuye, a la que se representa la esencia última de la vida. Sobre todo, lo dicho es posible nada más que a través de la honestitad del artista, de su fidelidad a su obra, más allá de cualquier impostura o moda pasajera. A través de su sincero anhelo de búsqueda en sí mismo de aquello que ha existido siempre y que rebasa los límites de toda medida. Se trata de la inmensidad del universo y de sus puertas, que hay que franquear para llegar al misterio. Se trata en consecuencia del nacimiento constante de nuevos mundos, y de la renovación constante de la vida.

Sin embargo, Gómez Losada logra alcanzar todos estos difíciles objetivos a través de una pintura de veras mágica, dejándonos atónitos, colmados de asombro, como si fuéramos niños pequeños a los que el creador de todas las estrellas nos mostrara su maravilloso trabajo, al mismo tiempo que nos agarra de la mano para que no nos perdamos en sus dominios. A pesar de lo cual, es inevitable no querer perderse, fundirse en una ebriedad amorosa, en esos bosques brondosos, plenos de luces extrañas, en esas montañas donde se intuye un reino de paz, en esos fondos negros como la oscuridad donde se contiene toda la luz sin su negativo y contrario material. Miguel Gómez Losada es capaz de sumergirnos en ese caos primigenio, no desprovisto de armonía y vigor que precede en un instante al nacimiento del mundo y que se expresa en sus primeros momentos de vida, que no cesan nunca de producirse. Porque esta creación del mundo se produce ahora mismo en nuestro propio planeta, y en el interior mismo de Miguel también, pues su corazón es todo un universo por descubrir y crear de nuevo.

La pintura de Losada, es una invitación contagiosa a la construcción, a la esperanza, a la alegría, a la realización y materialización del amor en el hombre. Es como la serpiente sugerente de uno de sus cuadros, ascendiendo por el tronco del árbol. Esta serpiente es el símbolo del cambio que nos limpia y renueva.

Espero que sus cuadros, les interesen y conmuevan tanto como a mí.



RAFAEL ANTÚNEZ ARCE

1 nov. 2009




La Posada de Jamaica (sobre el poema de María Lainá)
Óleo/ lienzo 100 x 100 cm - Gómez Losada 2009

Seleccionado en la 7Bienal de la Fundación Rafael Botí


LA POSADA DE JAMAICA

Nuestra vida ha cambiado un poco.
Ya no vivimos en la ciudad
sino en la carretera de la playa.
Por las noches nos entretienen
los itinerarios de la luna
los aleteos en las colinas
y los caballos que bajan a la charca.

Si al final te decides a venir
me harás compañía por la noche
ahora que está entrando el otoño
y los goznes chirrían en la oscuridad.
Aprenderás a rezar
con fervor y desesperanza
y ese sentimiento extraño
se combinará con las duras líneas de la naturaleza.

Trae poca ropa y pocos libros
duran de otro modo aquí las mismas cosas.
Y no olvides los zapatos adecuados
porque el pantano está detrás de casa
y en invierno llueve mucho.

Ahora te dejo. Cuídate,
y ya sabes que te quiero.
Pienso en ti en aquel sofá junto a la ventana
piensa en el tiempo y en los cuerpos cuando envejecen.
Todo esto es fruto de la imaginación aquí
no tenemos sino una poderosa y pura eternidad
que no cansa, pero a veces te duelen los ojos.

Voy a cerrar la ventana
ha vuelto a levantarse viento.




María Lainá